Por: Edwin Armando Pachón Robayo
Estudiante
de IX semestre de administración financiera en la Corporación Universitaria
Minuto de Dios, sede Ubaté.
Todos hemos experimentado dificultades a lo largo de la vida, y con el Covid 19 se hicieron evidentes en muchos aspectos como el económico, comunicacional, laboral y hasta el social; en esas dificultades siempre buscamos una solución de manera inmediata y aunque tenemos capacidades plenas y desarrolladas en ámbitos físicos y psicológicos, siempre sale a flote un grado de frustración por no lograr conseguir lo que se desea en los tiempos que estructuramos dentro del ritmo ordinario de vida que llevamos.
En el marco
de la emergencia sanitaria por el COVID-19, los sectores productivos del país,
empezaron a seleccionar la “fuerza laboral” para optimizar tiempo y dinero en
los procesos de producción y sostener a medida de lo posible lo que ya habían
conseguido a través de los años, dentro de ese proceso de selección de fuerza
laboral, se cancelaron, congelaron o terminaron
contratos laborales y a su vez, se limitaron los procesos de selección
de personal para nuevos cargos, pues la situación así lo imponía, trayendo
consigo, dificultades sociales y económicas en la mayoría de los hogares colombianos.
Si bien en
esta situación se vuelve una odisea la consecución de un empleo para una
persona del común dentro de la economía del país, imaginemos ahora la situación
que debe atravesar una persona con discapacidad en la búsqueda de empleo, no es
un secreto que a la fecha aún persisten barreras actitudinales que hacen ver a
la persona con discapacidad como alguien incapaz de realizar una labor
productiva, es más, desde el mismo
estado se ha generado una política utilitaria en la que se opta por descartar a las personas de
acuerdo con estándares que no son más que prejuicios; el plan descarte y el
utilitarismo van unidos y son entendidos como
¿Qué utilidad me da una persona o para que me sirve? Si encontramos
que nos podemos servir o apoyar en alguien,
pues lo tenemos en cuenta dentro de nuestra estructura social, pero en cambio
si no me representa utilidad, lo excluimos y nos excusamos diciendo que es de responsabilidad de la familia o el estado
velar por sus derechos. Por otra parte, ha surgido la tendencia que podemos
denominar “sálvese quien pueda” que consiste en la actitud natural de interesarse
únicamente por sí mismo y su círculo cerrado de familia o de amigos, pero sin
importar por encima de quienes pasemos y sin tener conmiseración por quienes
atraviesan necesidades y esta pandemia saco o revivió esa forma primitiva en
los seres humanos, relegando a un segundo y tercer plano a las personas con
discapacidad.
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| Edwin Armando Pachón Robayo |
Si
realmente queremos construir un país de oportunidades para todos, empecemos por
darles su lugar en la sociedad a las personas con discapacidad, no tratándolos
como enfermos, sino como a iguales, personas con un potencial inmenso que están
dispuestos a ofrecerlo para el crecimiento económico y social de nuestras
regiones, aportemos en garantizar la infraestructura de nuestras casas y
barrios, donde puedan desarrollarse de manera plena, eliminando todo tipo de
lenguajes despectivos que estigmatiza cada vez más a esta población y algo no menos importante es enseñar a las
generaciones venideras a valorar a la humanidad por el simple hecho de pertenecer al género
humano y no porque buscamos un beneficio en ellos.
Queridos
lectores, aprovechemos el modelo de trabajo y estudio que nos aceleró la
pandemia, para involucrar en el mercado laboral y académico a las personas con
discapacidad e ir fortaleciendo nuestro país en temas de trabajo en equipo, y
humanización de las profesiones, estoy seguro que de esta manera, crecemos de
manera integral y logramos apalancar nuestra economía entre todos. ¿Quieres ser
un súper héroe? Sé un excelente ser humano, con eso basta.


